sábado, 31 de agosto de 2013

Muerte.
Ese ser beneficioso y dañino,
ser ilustre e inerte,
aquel que hace que entierren padres los hijos
y la venganza.

Venganza.
Esa vida baja y apasionada
que sucumbe en razas,
aquella que dicen que es mala
y la dañan.
¿Qué dañan si no es la cara de la venganza?
Una bala, solo una hace falta para extirpar la cagada de las calas.
Allí donde están los inhumanos sanos y lejanos que golpean con manos y palos a aquellos sanos humanos cercanos.

Y dadnos.
Dadnos esa bala de venganza para terminar mientras danzan la danza de las cabras. Aquellas cabras de las montañas que lanzan golpes con saña.

Y te matan.
Te matan sin saber cuál es el mal de tu ser sin ser, de aquel corcel negro y horroroso.
Y te dan cordel y cordel y cordel, para que tú mismo te des aquella bala que hizo bien.

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