martes, 3 de junio de 2014

Recarga una bala más en ese revólver tuyo. En ese tambor grisáceo pintado en sangre.
Una bala y cinco huecos, un disparo. Te excita el tacto del frío cañón en tu sien. De fondo oyes a los grandes compositores y sus grandes orquestas. Ves a Napoleón y sus músicos del infierno dirigiéndose al frente.
Primer disparo.
Oscuridad.

Abres los ojos. Esta vez te has salvado. Has evadido a la muerte, al general y a sus maquiavélicos soldados. Te sientes vivo. Te sientes fuerte. El poder emana de tu interior, lo sientes circular por tus venas, con cada latido, caliente.

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