jueves, 3 de julio de 2014

La campesina

En lo profundo de un bosque,
en la angosta y oscura noche,
una chica perdida busca el final del camino.
Encuentra y encuentra,
hojas y hojas,
árboles de sus ramas,
y la grande luna llena.
Encuentra, encuentra,
la grande luna llena,
y la sangre que le emana,
de la ilustre cabellera.
Encuentra y encuentra,
una casa perdida
al final del camino.
Llega rendida
y toca la puerta:
-Pasa, pasa; eres bienvenida.- La reciben dos jóvenes gemelos, con traje ancho, largo y marrón.-Cenaremos en seguida, en cantidad y, pasada la noche, curada y arreglada, podrás marchar, pasada la noche, curada y arreglada.
El señorito de la finca, de pelo rubio y largo, le ofrece bebida. Nuestra confusa campesina come y bebe; vino, carne y demás lujosas comidas.
Se despierta en mitad de la noche, extasiada, en una gran habitación, por el estruendo de un golpe. El reloj marca las doce.
"¿Cómo he llegado aquí?" Piensa. Bebiendo, bebiendo; emborraché, desafiando el por venir.
-¿Quienes son estas gentes? ¿Por qué se comportan así?- Susurra.
-¡Corra, señorita, que la comida se enfría!- Gritan los gemelos tras la puerta.
"¿Me he pasado todo un día durmiendo?"
Nuestra aun más confusa campesina desciende las largas escaleras cubiertas por una alfombra roja.
-¡Vamos, señorita, no haga esperar al señor!
-Tome asiento, tras cenar, y pasada la noche, curada y arreglada, podrás marchar, curada y arreglada.
"Aun tengo sangre en la cabeza, cuando vuelva a la habitación me limpiaré, dormiré, y saldré de esta casa a primera hora"
-Esta es la fruta de la vida eterna, pruébala, adelante. Saborea la carnaza, saborea sus hebras, siéntela muy dentro de ti. Siente como baja por la garganta y toca tu estómago, como se va deshaciendo poco a poco. -dice el propietario, con voz profunda y sosegada, haciendo pausas entre las palabras, mientras la campesina hace su parte..
-Me siento rara, y me encuentro mal, por hoy he de retirarme Mañana continuaré mi viaje a primera hora de la mañana. Gracias por todo.
"¿Pero qué le pasa a esta gente? Si van a dar fruta en mal estado a sus visitantes para reirse de ellos al menos podrían tomarse la molestia de no hacer participar a los que sangren por la nuca en ese rebuscado juego suyo."
La chica vuelve a la habitación, encontrándosela tal y como la tenía antes de irse.
"A pesar de haberme despertado hace apenas unos minutos, me siento agotada. Dormiré un rato y, al levantarme, me arreglaré para retomar mi camino."

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Huye de unas voces mecánicas por un angosto y oscuro pasillo. Solo corre, no puede hacer otra cosa, hasta que tropieza. Se dobla el tobillo y el cuerpo deja de responderle, paralizado por el miedo. Las voces se escuchan más y más cerca. Cierra los ojos.
Un golpe sordo la despierta. Aun conmocionada por el sueño, y sin terminar de ubicarse todavía bien, se asoma a la ventana. Al parecer un pájaro se había chocado con el cristal.
La luna llena alumbra las ramas de los árboles, y las hojas cayendo de ellos. "Ya ha llegado el otoño" -piensa.
El reloj marca las doce.
"¿Otra vez me he quedado dormida?" "El golpe debe haberme afectado más de la cuenta" "Esto me pasa por ser una torpe, y caerme hasta con la piedra más pequeña."
-¡Señorita, venga a cenar! -Pronuncian a duo un par de voces infantiles.
Se sienta en la misma lujosa silla que las pasadas noches (en esa casa, al menos para ella, todo era de un valor incalculable, y le costaba acomodarse, sabiendo que si rompía algo no podría pagarlo ni con sus cien mejores cosechas).
-Este es el vino de la juventud, lo producimos nosotros mismos, en nuestras bodegas. -El señorito sirve una copa de la botella que sostiene en la mano.
El líquido era de color rojo oscuro, más rojo de lo que ella habría podido pensar para un vino, y tomando como un descuido el conflicto de la fruta de la noche anterior, recoge la copa que le ofrece el propietario.
-Gracias. -dice con voz seria y neutra.
-No se puede vivir para siempre sin un cuerpo bonito, ¿no está usted de acuerdo?
-Claro... sí... supongo que es cierto... -con voz confusa, la campesina responde a la pregunta del adinerado.
Así pasó el tiempo, hasta que, el chico, dando por finalizada la velada, se levanta de su asiento.
-Ahora, si nos permites, nos iremos a dormir. Hoy he tenido un día atareado. Que duerma bien, señorita. -dice con voz cansada. -¡MADRE! ¡LIMPIA ESTO!
Una mujer con la espalda encorvada y el rostro y las manos llenas de arrugas acude a la mesa para recogerlo todo, andando como puede, como si las piernas fuesen a quebrarse en cualquier momento. La anciana observa a la campesina con una mirada triste, pero también observa más allá, como si pudiese ver lo que hay dentro suya, tras sus oscuros ojos.
-¡Vamos, madre, que no tenemos toda la noche!
-Eso es precisamente lo que nos sobra, hijo. -un hilo de voz se desprende de la garganta de la anciana.
El adinerado y los gemelos permanecen quietos, a la espera de que la campesina vuelva a entrar en la habitación que le asignaron. Cosa que hace nada más salir de la conmoción que le produjo ver a una mujer en tal mal estado sirviendo a tres chicos que mejor podrían valerse por sí mismos.
Tras una ligera ducha, la chica vuelve a caer en un profundo sueño.

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[...]

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