miércoles, 16 de julio de 2014

Hasta la Luna, solo ida (Capítulo segundo)



Capítulo segundo: Tú y yo, nosotros


-¿Qué tal has dormido hoy? –dijo, medio en un susurro, besándome los labios.

Abrí los ojos y vi a Jota sentado en la cama, mirándome con una amplia sonrisa y con una bandeja a mi lado. Crep de miel, un vaso de leche con cacao, zumo de naranja y un trozo de bizcocho.

-¿Cómo… por qué…? –Acababa de despertarme, aun no sabía qué estaba ocurriendo allí.

-Espero que eso sea un sí. Felices diecinueve Ele, pensé que esto te podría gustar.

-Claro que sí jopé, gracias. ¿Tú no desayunas?

-Yo ya desayuné hace un buen rato, cuando me levanté a prepararte esto -señaló el bizcocho-Claro que, hasta que me ha salido con un aspecto medio decente, ha habido un par de intentos… fallidos. 

–Llevó el dedo hacia la cocina, haciendo una línea por toda ella. El suelo estaba sucio y la encimera llena de cachivaches y utensilios.
-¿Acabas de hacer todo esto por mí?

-Bueno, pensé que era tu cumpleaños, y un par de horas menos de sueño no iban a perjudicarme en nada. Sé que es una tontería pero…

Le callé con un beso, de esos tantos que nos habíamos dado la noche anterior.

-Jota, me encanta. Gracias, de verdad.

Él era un par de años mayor que yo, extremadamente delgado y de cabello negro. A contraluz como estaba, con la ventana de su piso a su espalda, para mí era un ángel. Cuando me acabé el desayuno volví a hablar.

-Entonces, Jota, ¿qué se podría decir que somos?

-¿Que qué somos? Bueno, Ele, somos tú, somos yo, somos nosotros. Lo somos todo, todo lo que queramos y nos propongamos ser. Somos felices, únicos, especiales e iguales. Pero si te gusta más, cielo, somos novios.

-Oh… -no sabía cómo reaccionar, la verdad es que me había dejado sin palabras, como normalmente hacía -Eso ha estado genial Jota, me ha encantado, hoy todo te está saliendo perfecto.

-Jaja, eso es porque te tengo a ti al lado. Voy a mirar las cartas del buzón y ahora subo, ¿vale?

Se despidió de mí con una caricia en la mejilla, dejándome sola en su cama, con un pijama grande que me había prestado y el recuerdo de su cuerpo, de su ser entero en mi mente. Nunca pensé que llegaría este día, la verdad. Él podía tener todo lo que quisiese, las chicas se mataban por ir detrás suya, y en cambio, mírale, saliendo con una bajita de pelo negro y ojos oscuros, con la autoestima por los suelos, depresiva, perfeccionista en cuanto a colocación de los objetos y a la que le dan ataques periódicamente.

Sonaron las llaves en la puerta. Era él de nuevo, con una caja de…

-Bombones, Ele, sé que te chiflan.

Vino a zancadas junto a mí, que aun estaba sentada en la cama, con la manta encima. No había ido solo a por las cartas, más que nada porque de esas no traía ninguna. 

-Te estás pasando Jota, me voy a terminar sintiendo mal.

-Que va, si son un par de tonterías.

-¿Por qué yo?

-¿Eh? No te entiendo Ele.

-Que por qué me has elegido a mí, por qué me haces esto a mí…

-Porque te quiero, ¿no se nota?

-Sí, sí; pero, ¿por qué yo? Tienes a muchas otras chicas más guapas y más inteligentes que yo pidiéndote salir todos los días. Podrías tener una diferente para cada día de la semana.

-Cielo, parece mentira. Simplemente, porque eres tú. Con esa sonrisa que me alegra cada vez que te veo, da igual como lleve el día; hablas distinto que los demás, ves las cosas distinto a los demás, no ves solo lo que hay que ver, sino que ves más, y eso me encanta.  Sientes la vida de un modo distinto y eres más lista que la mayoría de las personas, aunque aun no lo sepas del todo. Y sobre lo de que hay chicas más guapas que tú, de eso lo dudo mucho. Al menos yo no he visto a ninguna todavía. Tienes unos ojos únicos, dentro de los que puedo precipitarme en cualquier momento. Pareciere que se puede nadar en ellos, naufragando junto al tiempo, eternamente. Además, contigo tengo ese “algo” que no puedo describir. Y por mucho que te diga, por muchos ejemplos que te ponga, no sé del todo por qué es. Pero es lo más fuerte que he sentido nunca, te lo aseguro.

-Hmmm… No estoy de acuerdo, pero tus respuestas son geniales. Me enamoran, lo sabes.

-Entonces, si estás satisfecha, ¿te apetece que nos echemos una de nuestras partidas al lol?

-Antes ven aquí un momento, que quiero comerte a besos.

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