lunes, 10 de febrero de 2014

Guerra

Podía escuchar los gritos de dolor por todos sitios. A cada paso que daba aparecían más y más cadáveres, se iban multiplicando hora tras hora y el hecho de doblar una esquina provocaba terror por la visión caótica que vendría después. Aún no se creía que estuviese en ese lugar, en ese momento. Se alistó en busca de comida para sobrevivir e, irónicamente, había llegado más cerca que nunca a la muerte. Cada cierto tiempo una bomba colisionaba en no se sabe dónde y todo estallaba por los aires. En cualquier momento una de ellas podía caer sobre tu cabeza y el casco no te salvaría el cuello. Hombres mutilados de dos metros de alto lloraban tirados en las cunetas de las calles. En la guerra no hay fuertes ni débiles, ricos ni pobres, hombres ni mujeres; solo gente con suerte, solo muerte y más muerte.

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