Dormía sobre hebras de mal marchito, sobre hebras de oscuridad opaca y eterna. Dormía con la sensación de no haber despertado nunca; sin pensar en el hoy, solo en el mañana que vendrá. Quizás.
Dormía bajo la atmósfera más lúgubre, bajo el techo de la luna que siempre la alumbró. Bajo el cielo de estrellas de universo infinito, y oscuro, y negro.
Dormía sin despertar, sin vivir un día.
Dormía lentamente, hacia la muerte.
lunes, 16 de junio de 2014
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