Hombre
de piel de yeso
no huyas de mis versos
de roble,
de madera
efímeramente eterna.
No huyas
cadáver,
latente en mis recuerdos,
hablante y oyente,
purgador de sentimientos.
Quédate conmigo,
hombre perdido,
quédate y no huyas,
no te escabullas
entre nieblas,
cielos y esquivos
chicos del mal carcomido.
Mátame lentamente,
hombre errante,
mátame
por dentro,
por fuera,
mátame
y no vuelvas.
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