Volví a llamar a su portal y volvió a abrirme la puerta. Esta vez llevaba un sencillo vestido rosa (yo siempre lo vi más anaranjado que rosa, pero sí, era rosa), y el pelo, junto con el flequillo, echado sobre el lado izquierdo. Me encantaba cuando se peinaba así, y eso ella lo sabía.
Antes de que tuviese tiempo para reaccionar me dio un beso rápido y se puso a andar, dejándome a mí a su espalda.
-¿A dónde vas? - le pregunté, algo confuso.
-Voy a dar un paseo con mi novio, ¿te vienes? - dijo, con una gran sonrisa en su rostro.
Comencé a andar tras ella, y caminamos.
Ella siempre sonreía, era una habilidad que siempre le valoré mucho. Podía estar mal, o yo podía estar mal, pero al final todos los que la rodeaban terminaban sonriendo, junto a ella.
Tenía los dientes completamente blancos, pero lo que realmente te hacía acompañarla era lo que te transmitía con la sonrisa, calentaba las entrañas porque, si uno se fiajaba, los dientes, uno a uno, decían 'aquí estoy, contigo'
Cuando cayó el sol y la luna estuvo alta nos dimos cuenta de la hora que era, se hacia tarde. Tanto caminar y tan poco tiempo, así que empezamos a desandar el camino andado y volvimos a su casa.
-Ya hablaremos, no? - pregunté, mirándola fijamente.
-¡Claro! Que yo quiero verte ya de nuevo, jopé. - Se giró y cruzó el portal, pero antes de que este se cerrase se dio la vuelta de nuevo, vino a mí y me dio un profundo beso.
-Hasta otra. - Dijo entre una sonrisa.
-Y que sea pronto. - pensé, con el sabor de sus labios aun en los míos.
Ahora sí, el portal se cerró y ella desapareció tras de él. Yo, por mi parte, me dirigí a mi casa, como siempre hice después de esos días cortos, esperando que el siguiente no se tardase en llegar.
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