Le hacían llamar
el hombre sin nombre,
sin identidad.
El hombre sin nombre camina solo por las calles de nuestra ciudad, aquellas calles oscuras que no se suelen frecuentar por miedo a las malas compañías que allí uno se encuentra. Pero el hombre sin nombre no tiene miedo, él es grande y fuerte, y en las calles oscuras intimida a la luz, que huye de él buscando un lugar seguro.
Es un hombre, dicen, perdido en el tiempo.
Es un hombre.
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