Volando a la Luna yo choqué con un coche. ¿Dónde acabó el coche? ¿Y dónde acabé yo?
Tumbados en la calzada volamos a la Luna, las estrellas nos cantan y la acera acuna.
Durmiendo el negro se tornó rojo, y negro, y rojo.
Durmiendo llegó el sueño, tan grande inalcanzable nos reduce a dos cuerpos sobre la calle: una persona y un coche.
Durmiendo somos los mismos, iguales, en un sueño negro, y rojo, y negro. En un sueño eterno; yo y el coche; la calle y la acera; la Luna, y las estrellas.
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