Y no somos más que frágiles y débiles cuerpos, almas si eso encerradas en ellos.
Cuerpos que, con un simple golpe, pueden desvanecerse.
Cuerpos que, con una llama, pueden evaporarse.
Cuerpos que, de una caída, se esparcen.
Almas alterables en un cambio continuo, almas que, con un cambio demasiado brusco, o con la ausencia de ellos, desaparecen, se apagan, apagando también el cuerpo que habitan, destruyendo todo a su paso, en su proceso de autodestrucción.
domingo, 23 de junio de 2013
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