Todos ellos yacen, uno sobre otro, en grandes montones. Montañas de robots desactivados. Robots de todas las edades, de todos los tamaños, razas y colores. A estas alturas de la historia, con la ciencia y la tecnología ya tan avanzadas, no se pueden distinguir humanos y humanoides tan solo viéndolos por fuera.
Los robots son más fuertes, más resistentes si se les incorporan las piezas adecuadas. Por ello nos condicionan desde nuestros nacimientos; en las escuelas, los medios de comunicación, carteles en las calles...; a cambiarlos frecuentemente, para que no se adapten demasiado a la vida humana y tengan ideas de rebelión. Nos obligan a tirarlos al más mínimo error, aunque sigan funcionando, ya que no podemos arreglar nada debido a las leyes instauradas por Nuevo Régimen.
Yo soy Mecánico, aquel último de mi gremio, aquel que repara las máquinas, aquel que crea y mejora, aquel que se mantiene en las sombras.
La mayoría de la población los tira paralizándolos, sin saber así que, aunque no puedan hablar ni moverse, siguen oyendo, viendo, sintiendo. Les condenan a una vida inmortal, a una prisión en un vertedero, junto a otros millares de robots paralizados. Simplemente pulsan el botón de "apagado" y los abandonan, creyendo que de esa manera los apagan realmente, pero no es así, para ello hay que destrozar su disco duro, cosa que no hacen ni deberían hacer, porque se denominaría asesinato.
Después de ver esta escena, habiendo sido criado por otros Mecánicos (en especial mi abuelo), sin condicionamiento, afecta. ¿La primera imagen que atravesó mi aún inocente pero no condicionada lógica? Rebelión, guerra, venganza, devastación, cadáveres, muerte, dolor.
Atacar a Nuevo Régimen con la fuerza del odio acumulado por los robots durante meses, años, algunos de ellos llevarían acumulándolo desde haría ya un par de décadas, cuando se empezaron a comercializar.
Mi plan era repararlos, uno por uno. Mejorarlos, equiparlos para la guerra con armas caseras, tenía todas las herramientas que quisiera en el gremio.
Poco a poco, se fue convirtiendo en mi propia venganza. Y en parte así lo era, pues sufría cuando veía aquel dolor, aunque no fuese mío. Además, no podía manifestar mis pensamientos, mis ideales, pues a la más mínima te decapitaban. Algunas veces, aunque no muchas, alguien se "desvanecía", no se volvía a saber nada de él, pero a las personas de su alrededor parecía no afectarle, es más, una vez desaparecida, nadie lo recordaba, no fichaba en ninguna parte, simplemente era como si no hubiese nacido. Condicionamiento.
Nuevo Régimen destruyó la sociedad.
Nuevo Régimen no pensó en mí.
Nuevo Régimen recaerá en las cenizas, poco a poco, con la misma velocidad con la que surgió de ellas.
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