No hay cisnes en este cuento,
no hay flores, ni mariposas que endulcen el sueño,
solo vagos y oscuros recuerdos,
solo males que oscilan en lo eterno,
que por ser sean menos, y menos, y cero.
Corre, apresúrate a limpiar la herida
de tantas noches vacías
y tantos, tantos malos días,
que hicieron de esta sociedad extinta
una estepa oscura y fría.
Escucha los suaves sonidos
que escapan de la pluma en mito,
de todos aquellos manuscritos
que lloran, lloran por ser perdidos
sin ser buscados, sin ser vistos.
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