No debí ver.
No debí entrar en aquella habitación oscura
que de por haber,
bastas llanuras había.
Llanuras verdes, con charcos negros,
¿qué hay en ellos? Se alumbra
y veo parásitos que con esmero
se alimentan del pobre ser que existía.
Ya caíste, desapareciste,
entre denso polvo de niebla.
La niebla se disipó
dejando solo lo que era.
Carcasa vacía y sin recuerdos
sin ser, por poner,
no era nada ni era uno;
era más, pues es menos.
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