Volviste a soñar, niña tonta; te quedaste dormida y volviste a soñar con ese príncipe azul tuyo, ese desconocido inexistente al que adulas; con su caballo, su traje y su código de caballería.
En la frente llevas tatuado Julieta, pero niña, no habrá Romeos esta vez. Esta vez no. No habrá Romeos que te amen y mueran por ti, pequeña, no busques en la realidad lo que solo tiene lugar en cuentos. Malditos cuentos. No hay de eso para ti.
Buscas refugio en las manos toscas y el paquete erecto de algún hombre sin nombre, sin rostro; cada noche en algún aseo. Buscas refugio en los billetes que vienen cada vez que te reclinas sobre aquella barra.
No existe ese amor para mujeres de tacón alto y fino, de labios rojos y ropa más bien chica. No existe ese amor para alguien como tú, nira tonta.
Vuelve a dormir, pequeña boba, vuelve a soñar y haz real lo imposible, duerme abrazada a la almohada, símbolo de aquel amor de instituto, inocente. Imagina su hogar. Sus labios lisos, casi noevos, besándote cada mañana, sus 'te quiero' y sus flores del día doce. Cenas entre velas que sirven para alumbrar, previamente cocinado entre los dos. Su sexo contra el tuyo; con rostro, con nombre.
Duermes.
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