Dicha flor, blanca y roja,
crece en el centro de mi fuego,
de la cueva, el negro interno,
nace alta y grandiosa.
La flor helada y penumbrosa
que perdió joven sentimiento
de ser corazón, su centro,
entre espesa bruma boscosa.
¡Grande, flor! ¡Sé árbol
que de semanas golpea y duele
entre podrida carnaza vieja!
Sé flor vencedora de malvados,
daga alta mientras duermen,
de sangre en el suelo, manchas secas.
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