miércoles, 3 de septiembre de 2014

Tal vez los escritores sean sastres

Tal vez los escritores no seamos más que sastres de sentimientos, cosiendo las palabras una a una con tinta y creando perdidas piezas de recuerdos.

A lo mejor solo intentamos plasmar nuestras imágenes, inútilmente, página tras página. Intentamos conectar cada etapa para que tenga algún sentido, ya no para el público, ni para los lectores, ni para los modelos de nuestras extrañas telas; sino para nosotros mismos.

Hacemos que nuestra historia no se olvide, o la historia de lo que influyó en nuestra historia; egoístas, nosotros. Hacemos que, al menos, lo recuerden las hojas de papel mojadas, o sucias, o arrugadas, o quemadas; o tal vez un poco de todas ellas.

¿Y si solo buscamos encontrarnos a nosotros mismos? Quizá solo queramos encontrar el por qué de actuar de determinada manera en determinadas ocasiones. Quizá queramos encontrar el yo; saber si somos amables, o egocéntricos, o simpáticos, o generosos, o egoístas, o mentirosos...
Pienso que todos los que escribimos somos algo mentirosos. Impregnamos la mentira en la tinta sobre el folio, para engañarnos a nosotros mismos, tal vez, y creérnoslo cuando repasemos lo escrito. Para recrearnos en los falsos recuerdos de nuestros personajes, implementarnos las sensaciones de estos y recordar lo que nadie nunca recordó, la mirada del olvido.

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