miércoles, 23 de abril de 2014

Como todas las mañanas...

Como todas las mañanas, su sonrisa reapareció en mi rostro.
Me levanté e hice mi lado de la cama, y el suyo. Me preparé una taza de chocolate, eso que tanto nos gusta desayunar; a ella le preparé, a su vez, su parte. A lo mejor volvía ahora y, a lo mejor, tendría hambre. Cuando acabé empecé a deshojar la margarita que tocaba el día de hoy, al ritmo del "Hoy será un buen día" y del "Será un día bueno".
Me recosté en el sofá, bajo una manta, y retomé el libro por el marcador. Estaba en la misma página, desde aquel día. Siempre cerraba el libro, sin saber hasta dónde había llegado, para recomenzarlo de nuevo al día siguiente para, que cuando ella volviese, continuásemos desde el mismo punto, con el fin de que no se perdiese parte de la historia.
La esperaba y la esperaba, pero ella, no venía.

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