lunes, 3 de marzo de 2014

El chico del pozo

Si te acercas lo suficiente puedes ver oscuridad.
Te asomas al pozo una noche sin luna, observando su interior e inclinándote sobre las paredes de roca. Dentro solo se ve negro, el reflejo producido por el cielo oscuro. No hay estrellas. ¿Dónde se han escondido? ¿Dónde se han podido meter?
¡Oh! En el fondo del pozo pareces haber visto algo ¡Será la estrella perdida! ¡Hay que recuperarla!
Te acercas un poco más, intentas llegar al fondo estirando el brazo, pero no llegas, intentas alcanzar la estrella, pero ya no recuerdas dónde la viste; ¡todo es tan oscuro!
Venga, un poco más, debes salvarla y devolverla al cielo, que es donde debe estar, de esta manera podrás iluminar el pozo y encontrar la estrella.
Si abres bien los oídos en la noche muda puedes escuchar su voz. ¡Es una niña pequeña! ¡Necesita tu ayuda! ¡Estírate un poco más!
Notas como se aferra a tu brazo, intentas subirla pero pesa demasiado y terminas cayendo. Allí abajo no ves ni sientes nada y apenas puedes moverte. Si miras por donde has caído, todo está oscuro y no se ve la entrada, si miras al suelo puedes ver una esfera azul a lo lejos, y si te fijas lo suficiente te percatas de un pozo chiquitito, en un punto remoto del planeta.
¡Hola, estrella!

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