jueves, 21 de febrero de 2013

Vida

Abrumado, extresado, sulfurado, explotado, así me siento. Muerto. No hay nada que me afecte, ni para bien, ni para mal. Soy un cuerpo neutro. Me evado. Ya no me rajo, no sé, no tengo ganas de vivir lleno de cicatrices. O muero, o vivo, pero no destrozarme aún más la vida.
¿Qué es la muerte? ¿Qué hay al otro lado? No lo sé, no me importa mucho, la verdad. ¿Simplemente desaparecemos? Viendo la ciencia en la actualidad, en supuesto, los animales no tienen sentimientos, no razonan, no viven como tal, son máquinas preconfiguradas.  ¿Somos nosotros algo diferente? Bien razonamos, algunos, ¿pero no son solo impulsos eléctricos? Nuestra forma de ser, nuestro espíritu, no es más que una adaptación al entorno. ¿Como sería una persona recluida desde su nacimiento en una habitación oscura, alimentada cuando no está consciente, sin ningún tipo de interferencia? ¿Existiría? ¿Viviría? ¿O solo sería un cuerpo sin ser, tipo zombie? No somos más que una piedra que se mueve. No existe vida y muerte. No hay diferencia, porque no existe vida.

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